miércoles, 13 de octubre de 2010

¿Dime quien eres mujer de mundos posibles?

Primera Parte:


Mujeres Ficticias: literatura Francesa e Italiana

El papel de la mujer (real) en el seno social ha tenido (casi) siempre una subestima bastante preponderante[1]. En muchas circunstancias se vio obligada a entablar una larga lucha por igualar su valor y derechos al de los hombres.
El ámbito literario no fue la excepción. Muchas veces condenada a la ignorancia, la mujer (real) sólo era tenida en cuenta para desempeñar papeles domésticos como criar a los hijos en la casa. En muchos casos no aprendía a leer ni a escribir, y si lo hacia, rara vez encontraba un libro en sus manos para poder deleitarse con él. Esta situación se veía más enfatizada en los sectores medios y bajo, ya que la alta burguesía gozaba de muchos privilegios, entre ellos: la mujer tenía acceso a libros de literatura, novelas de moda etc.[2]
Si centramos nuestra mirada en el amplio universo de los “mundos posibles” podríamos decir que “lo literario”, muchas veces representado con la imagen del “hombre” tanto escritor (real) como portador de voz y protagonista (personaje) es aún la imagen que perdura de manera más imponente.[3]
Sin embargo de alguna u otro forma lo femenino, siempre ha estado presente.
Para dar cuenta de esto, no sería vano rastrear la figura de la mujer dentro de grande páginas canónicas (obras célebres y de gran trascendencia) que dejaron su impronta en el sistema literario.
Comencemos con la literatura Francesa del siglo XII en adelante.
Allí podríamos verla o percibirla relegada a una simple musa inspiradora. Pensemos en los poemas de amor cortés (o lírica provenzal) surgidos al sur de Francia en el siglo XII donde ese amor imposible hacia la mujer del patrón, incitaba a los trovadores a cantar sus penas, su “dulce mal de amor”, sin embargo, esto no denigraba a la mujer como tal, sino todo lo contrario: la confirió con gran dignidad, honra y respeto. Ese amor en la lejanía era la excusa adecuada para poner en palabras literaria (con sus metáforas, comparaciones) aquel sentimiento tan oprimente.
En otras oportunidades sólo ocupaba el espacio literario como una simple presencia, no se le otorgaba gran importancia, ni era capaz de realizar grandes acciones; un ejemplo claro es la dama que espera a que el gran caballero regrese de su batalla (en este caso pensemos en Alda, que espera el regreso de su prometido Rolando. Este ha perdido la vida en la batalla de Rocenvalles, al enterarse esta de lo acaecido, muere. Su única función es la de esperar.)[4] y no olvidemos el clásico “Gargantúa y Pantagruel” de Rabelais[5] donde la mujer sólo sirve en tanto madre que da a luz a los protagonistas y después de cumplida su misión, lo que acontece con ellas es de poca importancia:

“… llegaron al castillo de grandgousier, quien anhelante los esperaba. Cuando se reunieron se abrazaron con tanto entusiasmo y tanto gozo como nunca se ha visto, porque el supplementum supplementi chronicorum dice que Garganella murió de alegría; yo, por mi parte, nada sé, y tanto me importa de ella como de otra cualquiera.”

“Gargantúa y Pantagruel I” cap. XXXVII

Voltaire, cambia un poco esta imagen de la mujer. En su –quizá- más conocido libro “Cándido”[1], le da pequeños espacio a los personajes femeninos (como la “vieja”) para que se expresen y den cuenta de sus experiencias y pensamiento, sin embargo ese espacio es mínimo, pero no insignificante.

Hay que destacar algo que (para mi) tiene relevancia, y es que el amor que siente por Conegunda lo llevará a cometer el error que lo expulsara del “mejor de los mundos posibles”[2], situación que si bien resulta trágica y negativa para nuestro protagonista, culminará siento lo “mejor que puedo pasarle” ya que lo insita forzadamente al viaje hacia el conocimiento y la experiencia, concluyendo como decía Panglóss: “que todo sucede para el mejor de los fines”


[1] Literatura Francesa, siglo XVIII

[2] Esta escena me remite a la Biblia, donde el probar el fruto prohibido, obliga al hombre a salir del paraíso.



[1]Las remotas sociedades tribales fueron matriarcales pues al ser privativa de la fémina la perpetuación de la especie, dicha primacía se extendió a las decisiones sobre las demás cuestiones sociales.

Con el aumento de las luchas tribales por el poder, valores netamente masculinos fueron suplantando lo matriarcal, conformándose sucesivamente sociedades patriarcales y se le negó cada vez más a la mujer la participación en las grandes y pequeñas decisiones sobre las demás cuestiones sociales Crolla, Adriana; LA MUJER EN LA EDAD MEDIA ITALIANA. DANTE. PETRARCA. BOCCACCIO. 1984

[2] Hay que tener en cuenta que la difusión del libro en si era minima, ya que eran muy caros.

[3] A veces, pareciese que “sólo los hombres escriben”.

[4] “La chanson de Roland” Literatura Francesa siglo XI.

[5] Literatura Francesa siglo XVI.

[6] Literatura Francesa, siglo XVIII

[7] Esta escena me remite a la Biblia, donde el probar el fruto prohibido, obliga al hombre a salir del paraíso.

1 comentario:

Karolina M. dijo...

La mujer poco a poco se ha ganado el derecho a la igualdad, ha luchado y está luchando aún por hacer valer sus derechos y está participando audazmente en todos los ámbitos... en un mundo donde solo el hombre era el protagonista...