sábado, 21 de noviembre de 2009

AMOR UTÓPICO


Parte III


De él a ella: "hablas mucho querida"


Un sueño que en la noche me aprisiona y ruega el inconsciente poseerte entre las sabanas de mi cama. Sueño con mirarte a los ojos y poder hacerme mía, hacernos uno, hacernos nada, disimular entre la oscuridad del cuarto, ser sombra, ser viento, ser algo que no existe.

Tirar en fin la razón por la ventana, que el mundo muera en su intento por despojarnos de lo nuestro.

Pero admite querida, que hablas demasiado, no sabes nada de amor, sólo el lenguaje te inventa un mundo imaginario que no es en el cuál vives, la palabra no reemplaza la realidad, no reemplaza al hecho, y yo te quiero en el acto.. te quiero en lo concreto, tocarme, palparte y ya no dejarte ir.



De ella a él: "no me mires así"


Sé con certeza in- errónea que anoche me soñaste, sé que soñaste lo que despierto no puedes hacer-me. Lo sé con seguridad, tus ojos miran diferente, el deseo se impregna en tu piel. Tú mirada te delata.
Me deseas, no lo niegues... ya no miras como antes.
Sin embargo, nunca más vuelvas a mirarme de esa manera. Te lo prohibo, no así. De rodillas me pongo ante tus pies. No me desnudes sin permiso qué es falta de educación.
No me mires de esa manera, sino la consecuencia será terrible.
terminare prisionera en tú pupila y ya nunca volveré a irme.

miércoles, 4 de noviembre de 2009

La enamorada

ESTA LÚGUBRE MANÍA DE VIVIR
ESTA RECÓNDITA HUMORADA DE VIVIR
TE ARRASTRA ALEJANDRA NO LO NIEGUES.


HOY TE MIRASTE EN EL ESPEJO
Y TE FUE TRISTE ESTABAS SOLA
LA LUZ RUGÍA EL AIRE CANTABA
PERO TU AMADO NO VOLVIÓ.


ENVIARÁS MENSAJES SONREIRÁS
TREMOLARÁS TUS MANOS ASÍ VOLVERÁ
TU AMADO TAN AMADO

OYES LA DEMENTE SIRENA QUE LO ROBÓ
EL BARCO CON BARCAS DE ESPUMA
DONDE MURIERON LAS RISAS
RECUERDAS EL ÚLTIMO ABRAZO
OH NADA DE ANGUSTIAS
RÍE EN EL PAÑUELO LLORA A CARCAJADAS
PERO CIERRA LA PUERTA DE TU ROSTRO
PARA QUE NO DIGAN LUEGO
QUE AQUELLA MUJER ENAMORADA FUISTE TÚ

TE REMUERDEN LOS DÍAS
TE CULPAN LAS NOCHES
TE DUELE LA VIDA TANTO TANTO
DESESPERADA, ¿A DÓNDE VAS?
DESESPERADA ¡NADA MÁS!

Sacado de su obra "La última inocencia" 1956


Alejandra Pizarnik es una poeta argentina nacida en Buenos Aires en 1936.Obtuvo su título en Filosofía y Letras por la Universidad de Buenos Aires y posteriormente viajó a Paris hasta 1964 donde estudió Literatura Francesa en La Sorbona y trabajó en el campo literario colaborando en varios diarios y revistas con sus poemas y traducciones de Artaud y Cesairé entre otros.Es una de las voces más representativas de la generación del sesenta y está considerada como una de las poetas líricas y surrealistas más importantes de Argentina.
Su obra poética está representada en las siguientes obras: «La tierra más ajena» en 1955, «La última inocencia» en 1956, «Las aventuras perdidas» en 1958, «Árbol de diana» en 1962, «Los trabajos y las noches» en 1965, «Extracción de la piedra de locura» en 1968, «El infierno musical» en 1971 y «Textos de sombra», publicación póstuma en el año 1982.
En 1972 falleció como consecuencia de una profunda depresión.

sábado, 31 de octubre de 2009

La despresiada


Mal lectora de mis sentimientos; y yo que creía controlar el mundo...
Mí mundo.
Tú mirada en su don o negación tiene la capacidad de dar vuelta el universo significante en que vivo; pues te amo o te odio de un momento a otro.
La sin razón se apodera de mi, agobiándome en una ciclotimia de la cual eres responsable.
La enfermedad que en mi provocas me ha llevado a una intensa búsqueda de la normalidad que sólo las pastillas pueden darme.
"Lo normal"... dejo mi cabeza en la mesa luz y salgo a caminar, intentando el encuentro con aquello que no eres tú.
Pienso (si se puede llamar pensar) en colores inventados, paraísos mitológicos y estrellas mal formadas que se entrelazan en la tontera más absurda que ha existido. Pero así soy "normal", no amándote, no sintíendo, no buscándote.
No te molesto... ya no te molesto... si te buscara y al fin te encontrara mi dignidad me mataría sin perdón...
Ya dijiste "NO". Me despreciaste, y eso no puedo perdonártelo.

sábado, 17 de octubre de 2009

Capitulo 93 de Rayuela


Pero el amor, esa palabra... Moralista Horacio, temeroso de pasiones sin una razón de aguas hondas, desconcertado y arisco en la ciudad donde el amor se llama con todos los nombres de todas las calles, de todas las casas, de todos los pisos, de todas las habitaciones, de todas las camas, de todos los sueños, de todos los olvidos o los recuerdos. Amor mío, no te quiero por vos ni por mí ni por los dos juntos, no te quiero porque la sangre me llame a quererte, te quiero porque no sos mía, porque estás del otro lado, ahí donde me invitás a saltar y no puedo dar el salto, porque en lo más profundo de la posesión no estás en mí, no te alcanzo, no paso de tu cuerpo, de tu risa, hay horas en que me atormenta que me ames (cómo te gusta usar el verbo amar, con qué cursilería lo vas dejando caer sobre los platos y las sábanas y los autobuses), me atormenta tu amor que no me sirve de puente porque un puente no se sostiene de un solo lado, jamás Wright ni Le Corbusier van a hacer un puente sostenido de un solo lado, y no me mires con esos ojos de pájaro, para vos la operación de] amor es tan sencilla, te curarás antes que yo y eso que me querés como yo no te quiero. Claro que te curarás, porque vivís en la salud, después de mí será cualquier otro, eso se cambia como los corpiños. Tan triste oyendo al cínico Horacio que quiere un amor pasaporte, amor pasamontañas, amor llave, amor revólver, amor que le dé los mil ojos de Argos, la ubicuidad, el silencio desde donde la música es posible, la raíz desde donde se podría empezar a tejer una lengua. Y es tonto porque todo eso duerme un poco en vos, no habría más que sumergirte en un vaso de agua como una flor japonesa y poco a poco empezarían a brotar los pétalos coloreados, se hincharían las formas combadas, crecería la hermosura. Dadora de infinito, yo no sé tomar, perdoname. Me estás alcanzando una manzana y yo he dejado los dientes en la mesa de luz. Stop, ya está bien así. También puedo ser grosero, fájate. Pero fijate bien, porque no es gratuito.
¿Por qué stop? Por miedo de empezar las fabricaciones, son tan fáciles. Sacás una idea de ahí, un sentimiento del otro estante, los atás con ayuda de palabras, perras negras, y resulta que te quiero. Total parcial: te quiero. Total general: te amo. Así viven muchos amigos míos, sin hablar de un tío y dos primos, convencidos del amor-que-sienten-por-sus-esposas. De la palabra a los actos, che; en general sin verba no hay res. Lo que mucha gente llama amar consiste en elegir a una mujer y casarse con ella. La eligen, te lo juro, los he visto. Como si se pudiese elegir en el amor, como si no fuera un rayo que te parte los huesos y te deja estaqueado en la mitad del patio. Vos dirás que la eligen porque-la-aman, yo creo que es al verse. A Beatriz no se la elige, a Julieta no se la elige. Vos no elegís la lluvia que te va a calar hasta los huesos cuando salís de un concierto. Pero estoy solo en mi pieza, caigo en artilugios de escriba, las perras negras se vengan cómo pueden, me mordisquean desde abajo de la mesa. ¿Se dice abajo o debajo? Lo mismo te muerden. ¿Por qué, por qué, pourquoi, why, warum, perchè este horror a las perras negras? Miralas ahí en ese poema de Nashe, convertidas en abejas. Y ahí, en dos versos de Octavio Paz, muslos del sol, recintos del verano. Pero un mismo cuerpo de mujer es María y la Brinvilliers, los ojos que se nublan mirando un bello ocaso son la misma óptica que se regala con los retorcimientos de un ahorcado. Tengo miedo de ese proxenetismo, de tinta y de voces, mar de lenguas lamiendo el culo del mundo. Miel y leche hay debajo de tu lengua... Sí, pero también está dicho que las moscas muertas hacen heder el perfume del perfumista. En guerra con la palabra, en guerra, todo lo que sea necesario aunque haya que renunciar a la inteligencia, quedarse en el mero pedido de papas fritas y los telegramas Reuter, en las cartas de mi noble hermano y los diálogos del cine. Curioso, muy curioso que Puttenham sintiera las palabras como si fueran objetos, y hasta criaturas con vida propia. También a mí, a veces, me parece estar engendrando ríos de hormigas feroces que se comerán el mundo. Ah, si en el silencio empollara el Roc... Logos, faute éclatante. Concebir una raza que se expresara por el dibujo, la danza, el macramé o una mímica abstracta. ¿Evitarían las connotaciones, raíz del engaño? Honneur des hommes, etc. Sí, pero un honor que se deshonra a cada frase, como un burdel de vírgenes si la cosa fuera posible.
Del amor a la filología, estás lucido, Horacio. La culpa la tiene Morelli que te obsesiona, su insensata tentativa te hace entrever una vuelta al paraíso perdido, pobre preadamita de snack-bar, de edad de oro envuelta en celofán. This is a plastic's age, man, a plastic's age. Olvidate de la perras. Rajá, jauría, tenemos que pensar, lo que se llama pensar, es decir sentir, situarse y confrontarse antes de permitir el paso de la más pequeña oración principal o subordinada. París es un centro, entendés, un mandala que hay que recorrer sin dialéctica, un laberinto donde las fórmulas pragmáticas no sirven más que para perderse. Entonces un cogito que sea como respirar París, entrar en él dejándolo entrar, neuma y no logos. Argentino compadrón, desembarcando con la suficiencia de una cultura de tres por cinco, entendido en todo, al día en todo, con un buen gusto aceptable, la historia de la raza humana bien sabida, los períodos artísticos, el románico y el gótico, las corrientes filosóficas, las tensiones políticas, la Shell Mex, la acción y la reflexión, el compromiso y la libertad, Piero della Francesca y Anton Weber, la tecnología bien catalogada, Lettera 22, Fiat 1600, Juan XXIII. Qué bien, qué bien. Era una pequeña librería de la rue du Cherche-Midi, era un aire suave de pausados giros, era la tarde y la hora, era del año la estación florida, era el Verbo (en el principio), era un hombre que se creía un hombre. Qué burrada infinita, madre mía. Y ella salió de la librería (recién ahora me doy cuenta de que era como una metáfora, ella saliendo nada menos que de una librería) y cambiamos dos palabras y nos fuimos a tomar una copa de pelure d'oignon a un café de Sèvres-Babylone (hablando de metáforas, yo delicada porcelana recién desembarcada, HANDLE WITH CARE, y ella Babilonia, raíz de tiempo, cosa anterior, primeval being, terror y delicia de los comienzos, romanticismo de Atala pero con un tigre auténtico esperando detrás del árbol). Y así Sèvres se fue con Babylone a tomar un vaso de pelure d'oignon, nos mirábamos y yo creo que ya empezábamos a deseamos (pero eso fue más tarde, en la rue Réaumur) y sobrevino un diálogo memorable, absolutamente recubierto de malentendidos, de desajustes que se resolvían en vagos silencios, hasta que las manos empezaron a tallar, era dulce acariciarse las manos mirándose y sonriendo, encendíamos los Gauloises el uno en el pucho del otro, nos frotábamos con los ojos, estábamos tan de acuerdo en todo que era una vergüenza, París danzaba afuera esperándonos, apenas habíamos desembarcado, apenas vivíamos, todo estaba ahí sin nombre y sin historia (sobre todo para Babylone, y el pobre Sèvres hacía un enorme esfuerzo, fascinado por esa manera Babylone de mirar lo gótico sin ponerle etiquetas, de andar por las orillas del río sin ver remontar los drakens normandos). Al despedirnos éramos como dos chicos que se han hecho estrepitosamente amigos en una fiesta de cumpleaños y se siguen mirando mientras los padres los tiran de la mano y los arrastran, y es un dolor dulce y una esperanza, y se sabe que uno se llama Tony y la otra Lulú, y basta para que el corazón sea como una frutilla, y...
Horacio, Horacio.
Merde, alors. ¿Por qué no? Hablo de entonces, de Sèvres-Babylone, no de este balance elegíaco en que ya sabemos que el juego está jugado.
...............................................................................
Julio Cortázar nació en Bruselas el 26 de Agosto de 1914, de padres argentinos. Llegó a Argentina a los cuatro años. Paso la infancia en Bánfield, se graduó como maestro de escuela e inició estudios en la Universidad de Buenos Aires, los que debió abandonar por razones económicas. Trabajó en varios pueblos del interior del país. Enseño en la Universidad de Cuyo y renunció a su cargo por desavenencias con el peronismo. En 1951 se alejó de nuestro país y desde entonces trabajó como traductor independiente de la Unesco, en París, viajando constantemente dentro y fuera de Europa. En 1938 publicó, con el seudónimo Julio Denis, el librito de sonetos ("muy mallarmeanos", dijo después el mismo) Presencia.
En 1949 aparece su obra dramática Los reyes.
Apenas dos años después, en 1951, publica Bestiario: ya surge el Cortázar deslumbrante por su fantasía y su revelación de mundos nuevos que irán enriqueciéndose en su obra futura: los inolvidables tomos de relatos, los libros que desbordan toda categoría genérica (poemas-cuentos-ensayos a la vez), las grandes novelas: Los premios (1960), Rayuela (1963), 62/Modelo para armar (1968), Libro de Manuel (1973).
El refinamiento literario de Julio Cortázar, sus lecturas casi inabarcables, su incesante fervor por la causa social, hacen de él una figura de deslumbrante riqueza, constituída por pasiones a veces encontradas, pero siempre asumidas con él mismo, genuino ardor. Julio Cortazar murió en 1984 pero su paso por el mundo seguirá suscitando el fervor de quienes conocieron su vida y su obra.
................................................................................
Espero que les haya gustado, prometo seguir publicando más textos de Julio Cortazar ya que es uno de los escritores que más admiro..
Rayuela es un libro que si no me mata como escritora, tal vez me fortalezca, pero soy consiente que no puedo superar a este genio.
Pero de algo hay que estar felices, y es, que al decidir escribir rayuela lo hizo en lengua castellana... ya que ni siquiera la traducción más exacta de dicha obra puede superar su magnificencia y lo que me hace sentir cuando la leo.

miércoles, 14 de octubre de 2009

AMOR UTÓPICO

PARTE II

DE ÉL A ELLA: "no soy un poeta"

Te empeñas en vivir una "verdadera historia de amor" mi literata... yo no puedo darte más que mi ignorancia de calles vividas, que nada se compara con esos poetas que lees.
Mi existencia se limita a caminatas tristes a orillas de un lago, a bailes mediocres de gente humilde... No nací, amiga mía, para dominar al sistema, la intención de este pobre hombre no es más que la tranquilidad de un hogar, un mate amargo a la mañana, un beso dulce por la noche... no quiero ese mundo que pretendes, lleno de sobresaltos, viajes y lujos...
¿renuncio? ¿sigo? ¿me voy? Son decisiones que uno debe tomar como si fuera fácil visualizar el camino. Sin duda alguna, todos conducen a un mismo lugar, ¿que más da lo que se elija?.
Puede resultad decisión de cobarde, pero me voy, no estoy dispuesto a jugarme por poseer lo ya poseído, por tener aquello que nació para ser libre... Pajarito vuela en busca de lo que realmente amas, que sin duda no soy yo.


DE ELLA A ÉL

Mundo de lenguaje que creo para que seamos protagonistas; pero huyes por miedo, creyendo que este mundo no es mas que un pequeño escenario ficcional que puede aprisionarte y matarte poco a poco, pero aprende niño, que si tu mueres yo me desvanezco en el aire.
Así como me trajiste a tu lado, así me voy, y no seré yo quien invente la prisión que tu sólo haz imaginado, pues aprende que la literatura es aquella rebeldía del signo donde todo es posible, donde los limites no son mas que una utopía, y si lo que te preocupa es la realidad, debes saber que ese es otro cuento que te empeñas en vivir.

domingo, 4 de octubre de 2009

AMOR UTÓPICO


PARTE I.

DE ELLA A ÉL

Sólo un momento, sólo un momento vasto para cegarme en tus ojos. Tonto pensar que agobia las mentes, que agobia la vida…. Destino cruel de un enamorado que eternamente se condena a la razón, al especular…
Plan ilusorio.
El deseo de una boca, una simple mirada… quizás la sonrisa mas suave, un tenue abrazo que nos enlace en un solo camino.
La meta: llegar a tu centro, llegar a tu ser... compartir lenguaje, limitarnos a lo posible.
Salir corriendo, volver, irnos… llegar o no. Partir… La mirada te crea enamorado… Mi mirada te convierte en amado…
Historia de amor que irrumpe en llanto, melancólica existencia. ¡HAY ONDA! (quizás) pero el fin será la perenne amistad.
¿Miedo? SÍ… grito que doy todo, pero no camino ni un paso… se te extraña.. mi pecho clama un regreso, un recomenzar.. ¿Nos conocemos?...Niña o adulta soy lo que puedo ser, no lo que quiero, tú me creas en la subjetividad… pero no me conoces…
No prometo amor eterno. La eternidad es un invento.
¡VIVAMOS! Así son las cosas.


miércoles, 9 de septiembre de 2009

EL AMANTE ETERNO

Comparto con ustedes un fragmento de la novela que estoy escribiendo en estos momentos, llamada "LA NINFA".

................................................................................


Todos los días cumplía con la misma rutina: se levantaba muy temprano a causa de los golpes que su sobrino le daba a la puerta de su casa con el objetivo de que este le abriese y así poder entregarle el diario matutino.
Él con los rulos parados y un ojo más abierto que el otro, se levantaba muy despacio y caminaba arrastrando los pies hacia la puerta. el niño entraba a los brincos, le daba daba un gran besos sonoro en el cachete y luego mas tranquilito. sentado en una silla le abria le conversaba un ratito antes de ir al colegio, él preparaba su tasa de café y fingía escucharlo cuando realmente no le interesaba para nada su discurso infantil.
Luego de que el niño se marchaba robándole otro beso, él se sentaba a disfrutar de su café, tomaba el diario y leía uno por uno los titulares solamente, deteniéndose estrechamente en las historietas.
Cuando terminaba su café se dirigía al baño, se bañaba y quedando como nuevo partía en una caminata lenta hacia el taller que quedaba a una cuadra de su casa.
Apenas abría el portón, comenzaban a llegar los clientes y amigos. Él por su parte nunca se quejaba de lo que hacía, difrutaba su trabajo, y lo demostraba con ese humor envidiable que lo caracterizaba.
Juan, su empleado, llegaba siempre media hora más tarde del horario pactado, casi sin saludad se dirigía al fondo del taller, colocaba la pava en el calentador para verse pronto con el mate en mano convidando y repartiendo a todo el que llegase. Esta aptitud molestaba mucho al señor, ya que no le pagaba para cebar mates y si bien en muchas oportunidades sintió ganas de despedirlo porque un empleado así no le rendía a él ni a nadie, siempre buscó privilegiar su amistad dejándolo en el mismo puesto.
En el taller se quedaban hasta las una de la tarde, de ahí él volvía a casa a comer, aunque como vivía solo, no siempre tenía las ganas ni el esmero para cocinarse y luego tener que limpiar toda la cocina para dejarla como nueva, por tanto varias veces optaba por acostarse a dormir siesta. A las tres volvía nuevamente al taller y se quedaba hasta muy tarde, cuando el sol dejaba de verse en el horizonte dejando solo el recuerdo de que estuvo. Excepto los martes y jueves cuando por cumplir con los encuentros reglamentados con la Ninfa optaba por no abrir el taller de tarde, cosa que a los clientes le molestaba.
La Ninfa casi nunca iba a visitarlo al taller ni a su casa, no podía imaginar qué pasaría si su familia se enterase de aquellos encuentros clandestinos. Pero sí había veces en que las ganas de verlo se convertían en inaguantables y ella, como toda mujer astuta desinflaba las llantas de la bicicleta para poder tener una excusa que le permitiese llegar a donde él se encontraba.
Él gustaba de tenerla cerca; siempre que llegaba al taller lo hacia con una sonrisa que iluminaba el lugar quitándole por momentos todo ese olor a machos que colmaba cada rincón. Al llegar, ella no pedía permiso, saludaba a todos en el lugar y acercándose solo a Juan se apoderaba del equipo de mates para comenzar a cebar los verdes más amargos del mundo. Eso le gustaba al señor porque al no tener nada que hacer, Juan se dignaba a ensuciarse las manos por lo menos para inflar las llantas de un auto. Tenerla a su lado lo dejaba como bobo, atónito en su mirada, por eso más de una vez se escuchó en algún rincón un pequeño chillido causado por un martillazo ditraido en los dedos. Ella por su parte gustaba de ese juego de seducción, ser el objeto del deseo de un hombre elevaba su ego a un extremo máximo.
Cuando la Ninfa no iba al taller, sus tardes se convertían en eternas y aburridas, siempre obligado a cumplir con ese papel de hombre rudo, ese hombre que sólo hablaba de autos, boxeo y de vaginas sucias.
Ya muy tarde optaba por bañarse en el taller para no tener que volver a su solitaria casa; de ahí caminaba las tres cuadras hasta el restaurante donde una vez trabajo Vivian. Al llegar tomaba asiento en el mismo lugar de siempre, cenaba y bebía hasta muy entrada la noche, cuando al fin sus ojos colorados del cansancio comenzaban a cerrarse él se paraba para emprender el viaje de regreso.
En el camino se encontraba con “las muchachas”, ellas sabía que si la tarde había sido buena para el seños, él eligiría a dos de ellas. La tarea era fácil: acostar al señor en la cama y ante sus ojos comenzar con ese juego erótico repleto de besos y caricias sensuales denominado masturbación, que no lograba otra cosa en él que erectar su gran miembro. El hombre gustaba de ocupar ese lugar de mirón, y desde esa posición no permitía que nadie lo tocase, sólo él podía hacerlo (el pagaba) y así, observando comenzaba a flotar su miembro hasta el punto de terminar en una explosión de placer que culminaba en un gemido casi silencioso, imperseptible.
Cuando sólo llevaba a Rita, abandonaba ese lugar de mirón para entre cansado y dormido sumergirse entre sus enormes senos y jugar de la manera más exótica que se pudiese, le gustaba pensar que sus pezones eran como un pene, que al tacto excitante de los dedos del hombre se ponía duros y grandes.
El hombre gustaba de ver la cara de disfrute de aquella amante pagada, le gustaba jugar con ese cuerpo que nunca sería suyo, es más, que estaba junto a él por simple trabajo. Cuando ella entraba en un mundo de fruición del cual era imposible salir por si sola, él que presintiendo el momento final del acto se levantaba como asustado y abriéndole la puerta de la casa la sacaba a fuera a penas dándole el tiempo para que se colocase la ropa interior. Ella nunca llegó a entender el porqué de esa forma de actuar, aunque muchas veces sentía ganas de preguntarle, pero era evidente que no le pagaban por preguntar, entonces desde su lugar de “prostituta” solo buscaba entender, pero le era casi imposible, ya que él gustaba del silencio ahogante, incómodo, parecía como si el solo murmurar le molestase. Por otra parte su trabajo le había enseñado que conocer a un hombre afondo puede llevar a sentimientos confusos e imposibles como el tan temido amor, debido a eso, solo callaba y cumplía.
Él era un hombre elegante, de buenos modales, inteligente y aún joven, podía si así lo hubiera querido tener a cuanta mujer desease entre sus sábanas, pero desde que había llegado al pueblo sólo buscaba pagar, como si la plata se le cállese de los bolsillos, tal vez porque de esa manera se ahorraba el famoso chamuyo, las mentiras del “después te llamo”, o el simple hecho de ilusionar a alguna chiquilla con un amor que era de otra.
Con la Ninfa se portaba de manera diferente, ella no era un mujer, era simplemente una niña, apenas se marcaban sus senos a través de la remera blanca de usaba para hacer ejercicios, su cara de porcelana no conocía aún el maquillaje y la ingenuidad sobre el sexo se manifestaba naturalmente en su forma de hablar. Se pasaba horas y horas discutiendo temas como: que en el amor el sexo no era lo más importante y en lo horrible que seria compartir un beso de lengua lleno de saliva de otro; él solo la escuchaba y reía, ella tenia esa capacidad de transportarlo a ese mundo de niñez que él decidió abandonar tan pronto.
Los encuentros eran los martes y jueves en los eucaliptos y a veces cuando llovía en la casa abandonada que se encontraba a unas pocas cuadra saliendo de la cuidad hacia el norte.
Ella llegaba siempre puntual, se sentaba bajo el árbol que ellos habían pintado con una cruz roja para no perderse y ahí lo esperaba. Él llegaba casi tras ella.
Durante los primeros meses lo hacia en la bicicleta negra de su hermano menor, luego pudo comprarse la moto y cuando menos se lo imaginó se vio con el suficiente dinero para comprar su auto soñado. Lo del auto era sin duda la mejor decisión que había tomado, porque con el sacaba a la Ninfa a pasear por toda la cuidad sin que nadie los viese, ya que los vidrios polarizados no dejaban ver el interior del mismo.
El tenía 20 años más que la Ninfa; había llegado de Córdoba, después de un exilio forzado de quince años. Para ella era un ser tranquilo pero cansado del mundo, cuando llegó no tenía trabajo, pero eso duró poco, su padre le había dado el dinero suficiente para que instalase un pequeño negocio. Él que siempre había sido el más inteligente de la familia, movió contactos y pronto se vio dueño de un taller de autos, cosas que no tardo en darle muchas ganancias.
Su característica principal era la experiencia, por eso la Ninfa gustaba de estar a su lado. Él encontraba siempre una nueva historia para entretenerla, le gustaba mucho jugar a retenerla a su lado un poco más de dos hora, ya que ella lograba aburrirse con gran facilidad de todo lo que la rodeaba.
Amaba las tardes de lluvia, porque sólo en esos momentos en que se sentaban a ver como caía el agua, ella le permitía que él la abrazase.
Su primer beso se lo dio una de esas tarde, cuando abrazados contemplando el bullicio de una tormenta de paso, ella comenzó a llorar. Él, que sabía mas de putas y no tanto de mujeres, no supo que decir, y disimuló la situación cebando unos mates.
Pronto ella sintió ganas de irse, pero la tormenta que cada vez era mas fuerte se lo impedía. El señor, miró a los ojos y sosteniéndole el mentón para que no mirase a otro lado, le pregunto que le pasaba.
__Sabes que podes confiar en mí, no entiendo por qué no me cuentas lo que te pasa, lo que sientes.
__ ¿Te parezco bella?
¿Bella? ¿Y eso? Si tan solo supiera que la bellaza la penetra por todos los rincones de su ser, que el tiempo pasó sólo para mi, y que ella me espero con sus trece años intactos, para encontrarse luego con un viejo que huele a aceite de motor, que no tiene un castillo de oro para regalarle en su cumpleaños, que sus sueños son de Ninfas, y que el aire acarrea su perfume llevándolo en cada paso que doy… ¿bella? Amor… eres más que eso.
__Eres más que bella.
__ ¿Todo el mundo me va a responder lo mismo? Quiero que me sean sinceros de una vez… -ella enojada quito la mano de su mentón y camino hasta un rincón dándole la espalda; él, confundido la siguió y tomándola de la cintura la dio vuelta colocando nuevamente su mirada en la suya.
__ ¿Pensás que te miento?
__No, sólo que sos un chamuyero, como todos los hombres que conozco.
Él la miro entre sorprendido y enojado:
__ ¡HE! Ninfa, ¿a esta edad pensás que voy a andar con chamuyos yo?
__Entonces… ¿por qué Jonatan Borne ni siquiera busca darme un saludo?
Él la soltó, se paso la mano por la cabeza, y como molesto se sentó en el piso. Ella por su parte se le acerco, y mirándolo a los ojos en ese momento en llamas volvió a preguntar.
__ ¿Por qué justo ese chico, justo el que yo quiero no me ama?
El señor casi ni la escuchaba, sus palabras le dolían como puñales en el alma, siempre pero siempre debía soportar que ella hablase de aquel, sin pensar en sus sentimientos, sin pensar más que en su egocentrísmo, en su historia, en su vida.
__ ¿Qué sabes vos de amor? Ninfa… -se detuvo a pensar y repensar sus palabras- sólo tenés trece años. A tu edad es mejor jugar a las muñecas ¿A vos te gusta el volley? Bueno dedícate a jugar, pero no pienses en muchachos, ¿no te das cuenta que es muy temprano para empezar a sufrir? Yo no sé mucho de mujeres, pero si sé de amor, y si algo aprendí es que no hay que forzarlo ni buscarlo porque llega solo, sin avisar. A parte vos, mírate… Puedes tener a cuanto hombre quisiese a tus pies, pero comprende que los hombres aún te ven como niña, porque eso es lo que eres, y ese niño del que tanto hablas, también lo es. No hay que quemar etapas, chiquilla.
Ella comenzó a llorar, se sentó sobre las piernas del señor y quedando cara a cara se le quedo mirando, ella quería que él la entendiese y le dolía el no poder lograrlo, por otro lado él, tentado por un sentimiento y una fuerza que no pudo contener acerco lentamente su boca a la de ella completando el recorrido en un beso que movilizo un tintineo de polillas que revoloteaban por su cuerpo de par a par. Una sensación que no había sentido jamás lo paralizó de tal manera que profesaba por instantes adueñarse del control de su cuerpo, aquel beso lo completaba de sensaciones agradables, ese beso se convirtió en eterno, paralizo el tiempo y el espacio.
Ella apoderada en aquella situación no se movía, no abría su boca, no cerraba los ojos, simplemente moría en el intento de librarse de aquel hombre. Cuando él despertó de ese ensueño, ella ya había tomado su bicicleta y había partido bajo la lluvia.
Había llegado como una niña, ahora, sin embargo se iba con un poco más, su mente se habría a nuevas experiencia, a nuevas formas de ver el mundo, en su vida se cerraba ese ciclo que tanto la perturbaba.